Nuestras miradas se encontraron. Jamás había imaginado cómo sería tener que despedirse de Lucas, pues dicha despedida me habría parecido imposible. No solo formaba parte de mi vida, formaba parte de mí. Separarme de él era como cortarme una mano y tener que serrar tendones y huesos: sangriento, desgarrador, aterrador. Sin embargo, habría hecho cualquier cosa por Lucas y eso significaba que incluso podía hacer aquello.
—No —murmuró Lucas. Su voz apenas era audible por encima del rugido de las llamas. Los miembros de la Cruz Negra estaban reuniéndose en el centro de la sala para defenderse—. Tiene que haber otro modo.
Negué con la cabeza.
—No, no lo hay. Lo sabes igual que yo. Lucas, lo siento, lo siento mucho.
Lucas dio un paso hacia mí y estuve tentada de echarme en sus brazos y volver a abrazarlo al menos una última vez. Sin embargo, sabía que si lo hacía no podría irme nunca. Tenía que ser fuerte, por el bien de ambos.
—Te quiero —dije, antes de dar media vuelta y salir corriendo hacia mis padres.
Lo terminé, y todavía no puedo creer que lo leí en menos de una semana. A buscar Adicción, la historia no termina. Por suerte...
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