No me alcanzan las horas del día para amarte, ni me alcanza la mitad del cielo para regalarte. No me alcanza la eternidad para agradecerte. Ni mucho menos la vida para llorarte. Entiendo que no entiendas nada, de cómo podes convertirte en alguien tan importante, que te pongan en el lugar de madre, y que no piensen en nada más que abrazarte. Sos el sueño, sos la meta, sos el propósito de aquél a quien alegras, con una mirada, con una sonrisa, con una caricia imaginaria que vuela en su cabeza. Y sigues sin entender, quizás, el por qué de cada 'gracias' al salir por una puerta, y te contesto, como puedo, que es porque echas los males y problemas que castigan a nuestras almas. Dime que otra duda tienes, que como testigo de esto que siento, puedo contestarte mientras miras mis ojos, yo los tuyos, y acaricias mi corazón con un abrazo infinito.
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